El valle floreciente: la trampa para pájaros (Cuento original de Vincent Bise)

Jaimito paseaba por el bosque cuando,  a la distancia, escuchó a un pajarito chillar. Con un poquito de duda y curiosidad decidió seguir el ruido. Entonces encontró a una ave revolotear en el interior de una jaula.

  • Pobrecita, se quedó encerrada por equivocación  -pensó el niño.

 Con un poquito de miedo levantó la rejilla y el pájaro escapó sin esperar que el chico se moviera. Del susto Jaimito cayó de espaldas, pero se sintió aliviado cuando lo vio volar tan alto hasta desaparecer.

  • Debo contarle esto a mi mamá.

Se levantó y recorrió de regreso el camino a su casa. Por la tarde, cuando su mamá regresó del mercado, Jaimito se le paró en frente de la puerta y le contó cómo había salvado a una ave encerrada en una jaula. Pero en vez de felicitarlo, su mamá lo regañó. Recibió un coscorrón y entre lágrimas escuchó a su mamá decir:

  • Jaime Daniel Tezo, te prohíbo que vuelvas a jugar en el bosques y mucho más que andes destruyendo las trampas de aves ajenas. Y si ves a un ave a dentro, la dejas allí.
  • Pero mamá, y si…
  • !PERO NADA! Las aves no sufren. No te metas en problemas por unas simples aves.

A la mañana siguiente su mamá no salió a trabajar y se quedó en la casa cultivando papa, yuca entre muchas cosas en el pequeño huerto que tenían. Jaimito no quería pasar cerca de su mamá, por lo que fue donde su abuela que estaba viendo televisión en la sala.

  • Tu mamá me lo contó. ¿Para eso vas a molestar en el bosque?
  • Mamita, es que el ave estaba sufriendo.
  • Y tú qué sabes de sufrir. Los animales no sienten. Solo chillan porque así avisan que fueron atrapadas en esas trampas.

Jaimito recordó que su mamá había dicho algo parecido.

  • Mamita, ¿Para qué sirven las trampas?
  • Son para atrapar pájaros y tenerlas en jaulas.
  • ¿Cómo los pajaritos que teníamos en el patio?
  • Sí, aunque algunos las usan para venderlas en el pueblo o para comérselas.

Enseguida el niño se sintió mal con las pobres aves y se dijo para sí mismo que cuando pudiera, saldría al bosque a liberarlas de esas infernales trampas.

Al día siguiente, su mamá se fue al pueblo a trabajar. Como su abuela lo cuidaba en ese momento, él decidió escabullirse por unos minutos cuando ella empezara a cocinar. Hizo esto unas tres veces durante la semana, así pudo salvar a varias aves de unas asquerosas trampas. Pero un día escuchó una linda melodía, un poquito más lejos de donde estaba.

  • Esa es la voz de una ave. Eso creo.

Siguió el canto hasta encontrarse con una hermosa ave de lomo azul con pecho dorado, encerrada en una jaula. Jaimito se acercó. Entonces el ave dejó de cantar y de revolotear. Por un momento a Jaimito le pareció extraño que el pájaro estuviera tan calmado.

  • Mmm… de seguro sabe que yo estoy aquí para ayudarla -pensó.

Jaimito levantó la mano, abrió la reja y se alejó para que el pájaro pudiera irse. Pero no ocurrió así. Eso volteó su cabeza hacia él y lo miró con sus pequeños ojos por un largo tiempo.

  • ¿Por qué me ves así, amiguito? -dijo-. ¿Qué tienes?

Pero el ave sostuvo la mirada, sin moverse de allí. Jaimito comenzó a caminar lento hacia el pájaro, asustado de que algo malo sucediera. De pronto el ave se desvanece como si se hubiera hecho polvo.

Jaimito no podía creer lo que acababa de ver. Y para hacerlo pensó que quizás el pájaro se había ido, solo que él no se dio cuenta de ello. Se regresó corriendo, asustado. Los árboles se estaban volviendo cada vez más oscuros. Entonces, al lado de un árbol hueco, Jaimito se detuvo, con el corazón palpitando como un tambor. Un ser recubierto de pelos caminó en cuatro hasta colocarse a mitad del paso. Se irguió hacia Jaimito y mostró sus colmillos.

A esa misma hora en la mañana apareció la madre Jaimito. Había llegado muchísimo más temprano.

  • Mamá, ¿Estás haciendo la comida?
  • Sí, mija. ¿llegaste temprano?
  • Escúchame, el alcalde nos quiere desalojar de nuestro puesto.
  • ¡Ay, no fregues! ¿Y eso?
  • Van isque a modernizar la plaza y nos van a reubicar en un lugar lejano hasta que esté todo listo.  
  • Mucho mentiroso, y en especial ese calvo hijueputa. Solo va a gastarse la plata en otra pendejada como hizo antes.
  • Jum, los agricultores se fueron a protestar a la alcaldía. ¿Y el niño? No lo veo.

Enseguida la abuela también se preguntó lo mismo.

  • Es cierto, está todo muy callado. No lo escuchó.

Ambas gritaron su nombre por un largo tiempo. Furiosas, pasaron por el barrio llamándolo.

  • !Jaime Daniel, Jaime Daniel!
  • Su hijo no está por acá -dijo un vecino-. Yo lo vi irse hacia el bosque.

La mamá iracunda se fue con una rama de escoba y una chancla para enseñarle a obedecer. Pero no encontraron rastro de él. Quién sabe, tal vez esa asquerosa bestia era lo bastante inteligente para llevárselo a otro lado y no alarmar a los mata monstruos.

Siguieron buscando a Jaimito por varios días; primero ayudaron varios vecinos, luego llamaron a la policía. Pero nunca lo encontraron. Hasta hoy su nombre sigue todavía en la lista de desaparecidos, como la de muchos otros niños. Y si solo su madre y abuela le hubieran puesto más cuidado, y si Jaimito hubiera escuchado a su mamá desde un principio, nada malo le hubiera pasado.

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