La siesta de la muñeca

¡Buenos días,buenas tardes o buenas noches!

Me temo que la semana pasada no pude terminar mi entrada a tiempo y decidí de improvisto empezar un análisis sobre una obra de ciencia ficción. Me disculpo, de corazón. Por eso en esta ocasión les traigo un cuento corto de miedo para entretenerlos. Para serles sinceros es una historia bastante cliché con una muñeca, pero resulta efectivo cuando quiere generar miedo. La historia la hice hace un mes basado en un susto que me causó mi sobrina cuando  dejo su muñeco arropado. (maldita niña, me hizo quedar mal)

Espero que lo disfruten y no olviden en comentar que les hizo sentir. ¡un abrazo!

Att: V. Bise


Henry fue al cuarto de su hija para buscar los utensilios de cocina que ella se llevó.

  • Está bien que juegue a la cocinera –pensó él–, pero por qué no utiliza los que le compre hace un mes.

El kit de cocina de Vivianda Lana era un juego de cinco platos con cinco cucharas, cuchillo y tenedores. También venia una mini estufa para “calentar la comida”, una sartén y varios muñequitos en forma de alimento. Lo que no pensó el padre es que el kit de Vivianda Lana era feo por donde fuera, excepto los cinco platos que si parecían decente.

Henry recogió todo los utensilios que encontró, o eso creyó, y cuando se levantó, vio una persona en la cama de su hija. El sobre salto le hizo gritar una mala palabra, pero luego se sintió estúpido por asustarse y dejar caer los utensilios. Su hija había arropado a su muñeca más grande en la cama.

  • Katherine, sí que me haces sufrir –dijo él, mientras su mano se dirigía hacia la muñeca.

Katherine se había acabado de ir a la casa de una amiga para una piyamada, por lo que Henry estaba solo en ese momento. Cuando su mano le quitó la cobija a esa muñeca, de pronto ella abrió los ojos y dijo:

  • Ve, tú, déjame dormir.

Henry gritó y soltó todo lo que tenía para salir lo más antes posible del cuarto. Detrás de una pared él estaba recostando, los diez metros más rápido de su vida. Se acercó al cuarto con un cierto temor. Miró de reojo dentro de la habitación, la muñeca había salido volando y estaba en una posición extraña.

  • Estoy loco, ella no pudo decir eso –pensó él mientras miraba.

Henry considero que estaba cansado y dijo que recogería todo después, cuando fuera de día. Esa noche él todavía estaba solo en la casa. Su mujer estaba en un restaurante con algunas de sus amigas. Era la primera vez desde hace mucho que ella salía y se divertía, por lo que Henry no la llamó; también era porque no sabía cómo ella le respondería. Sea como fuese, era malo llamarla.

Era la una cuando Henry sintió muchísimo sueño. Era bastante seguro que no fue a su cuarto porque el de su hija quedaba paralelo, así que se acostó en el sofá con el televisor prendido y a un volumen moderado. Henry estaba de lo más cómodo hasta que sintió algo encima de él que le susurró al oído:

  • ¿Me puedes acobijar?
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s