La estatua arrodillada

La epidemia llegó un día después del gran festival, ahora tengo miedo por la vida de los demás. Mi hermana, Erina, está grave y estoy preocupado por su salud. Y todo por la culpa de esa señora. Sí, yo sé la razón de todo. Una semana antes de la fiesta de las campanas vi que una señora, de sospechosa vestimenta, se acercaba a cada casa con una mugrienta canasta. Pedía medicina para tratar la salud de su hijo y de los pequeños huérfanos que vivían a las afueras del otro pueblo. También recuerdo que la señora rogaba porque en el anterior pueblo fue también a preguntar, pero no había las cosas que ella buscaba. La señora Crox no era muy simpática, y más cuando yo era más pequeño, pero recuerdo que hablo por todos cuando la encaró.

  • ¡Mendiga asquerosa, lo que usted quiere es dinero! ¡No es cierto?

La asquerosa anciana esa negaba que sus intenciones fueran esas,  pero yo también supuse que no era para nada buena si vestía con ropaje tan mal cuidado. La señora Crox la seguía encarando mientras el señor Purgt con los otros matarifes se la llevaban a rastras hasta el puente.

  • Vete de aquí porque no habrá ninguna moneda nuestra.

De sacarla a patadas hubiera sido poco; y si hubiera tenido más edad, me gustaría haberla visto caer al puente. Pero fue un gravísimo error dejarla vivir. Poco después en la fiesta, cuando todos estaban concentrados en la celebración, mi hermana me dijo que los alimentos tenían un sabor rancio. Recuerdo que no me dejo comer allí porque encontró un largo pelo en la sopa. Luego de un tiempo descubrimos que fueron los ratones quienes se bañaron en la comida.

A mi hermana la encontré acostada, pálida, por la fiebre en la mañana siguiente. Los pocos que no se infectaron fueron al pueblo vecino. Aunque les dijeron que no podían ayudarlos, porque una señora les advirtió que si lo hacían, también ellos sufrirían la enfermedad. Y como muestra de su poder, irguió una misteriosa estatua de un hombre arrodillado, pidiendo perdón. También nos dijeron que era una señora quien estaba pidiendo medicina, salvo que ellos fueron tan estúpidos de entregarle lo que ella pidió. No dieron más información, pero algunos sabían que utilizaban unos extraños  brotes  que crecían debajo de la imagen para tratarse.

Ahora mismo estamos en la búsqueda de esa señora en el profundo bosque.  Quisimos asaltar el pueblo pero desapareció en una extraña niebla. En estos momentos desearía encontrarme con su cabaña y prenderle fuego, pero nos hallamos en un gran aprieto. Veo figuras extrañas que asechan en las sombras de los robles y no encuentro señal alguna del resto.

Old Woman with a Rosary - Paul Cezanne
Old Woman with a Rosary de Paul Cezanne

Cuento ficticio que no contiene ninguna clase de opinión propia por el autor. Decidí escribirlo en la misma forma que pensaría una persona de esas cualidades tan superficial. El año puede ser durante la gran peste, pero me puedo equivocar.

Trataré de publicar más seguido, aunque sea solo borradores.

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